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¡Más westerns! Esta noche, a la 1:30 horas, TVE-2 emite 'El desertor del Álamo' (1953) de Budd Boetticher. Es la quinta de las seis pelis del oeste que Boetticher dirigió para la Universal entre 1951 y 1953. Es un modestísimo y coloreado western de menos de hora y 20 minutos, que adapta una novela de Niven Bush sobre un hombre que abandona El Álamo antes del asalto de las tropas mexicanas. A diferencia de la mayoría de pelis que han tratado ese hecho y otros de la historia de Texas, Boetticher no está interesado aquí en resaltar el heroismo de los tejanos que trataron de resistir el asedio, y prefiere seguir al hombre que abandona El Álamo antes de tiempo estigmatizado como un traidor, para jugar con la dualidad del héroe y el cobarde.
La peli cuenta con un buen reparto en el que destacan Glenn Ford y Victor Jory, y la presencia de Julia Adams, una de las habituales estrellas femeninas de la Universal. Fue rodada en el Rancho Russell, en Thousand Oaks, California, y en los fabulosos estudios de la Universal en Universal City, en el Valle de San Fernando, California.
Hoy a la 1 de la madrugada en TVE-2 ponen 'Policía montada del Canadá' (1940) de Cecil B. DeMille. Un clásico del cine de estudio. Una peli de montaña, entre el western y el cine de aventuras, encuadrado en los hechos históricos que tuvieron lugar en la frontera oeste de Canadá en la primavera de 1885.
Es la primera película en color de Cecil B. DeMille, el director más emblemático y autoritario de la Paramount. Tras el éxito de su anterior película 'Unión Pacífico' (1939), la Paramount ofreció a DeMille una ampliación de su contrato con el estudio, como director y productor, y la posibilidad de hacer una peli en color. DeMille ya había incluído dos secuencias con técncias de color en sus clásicos mudos 'Los diez mandamientos' (1923) y 'Rey de Reyes' (1927), pero 'Policía montada del Canadá' sería la primera que rodaría en su totalidad utilizando el proceso del technicolor y la que marcaría el inconfundible estilo fotográfico de sus posteriores películas épicas, con luz brillante y colores saturados.
Utilizó como consultor visual a Arthur Rosson, director de segundas unidades con experiencia con el technicolor, y a los cámaras Ray Renahan, el más experto en technicolor, y Howard Greene, uno de los mejores en la filmación de exteriores. En los close-ups utilizaron la luz de forma que iluminara tres cuartas partes del rostro de los actores, para resaltar volúmenes y texturas. Una de las cosas que más obsesionaba a DeMille era cómo filmar el cielo. En algunas escenas con varios actores, al hacer planos individuales de cada uno, detrás de uno podía estar el cielo del este y del otro el cielo del oeste, con diferentes tonos de azul. Esa diferencia se intensificaba en pantalla y quería evitarla a toda costa. Por eso en exteriores decidió mover constantemente a los actores en relación a la cámara de modo que se viera el mismo cielo.
DeMille quiso rodar en parajes auténticos de Canadá, pero la amenaza en ciernes de la guerra mundial obligó a la Paramount a contener gastos y aplicar una política de restricción presupuestaria, motivo por el cual la película se rodó casi íntegramente en estudio, salvo las tomas generales que se hicieron en Oregon. El set de rodaje fue el más grande en la historia de la Paramount hasta ese momento. Además de un rancho en la zona del Big Bear Lake, en California, como plató de exteriores, se utilizaron los platós 2, 6, 10, 12, 14 y 15 del complejo de la Paramount en Hollywood, donde se recrearon bosques de pinos (hasta 300 pinos fueron talados en los bosques de San Bernardino y trasladados a Hollywood en camiones) y se colocaron fondos pintados de montañas nevadas.
También fue la primera película en color de Gary Cooper. DeMille quería a Joel McCrea para el protagonista pero la Paramount le impuso a Cooper que era entonces la gran estrella masculina del estudio. Y hay que destacar a la bella Paulette Goddard, una mujer que nació para el technicolor, en el papel de mestiza ninfómana.
Otro western esta noche en TVE-2. A partir de las 00:50 horas emiten 'Una dama entre vaqueros' (1966) de Andrew McLaglen. Es un divertido western con un reparto donde destacan los entonces ya veteranos James Stewart, Ben Johnson, Harry Carey y Jack Elam, y la irlandesa Maureen O'Hara, mito todavía viviente del cine (este verano cumplirá 90 años), siempre genial en papeles de mujer con carácter.
La historia se sitúa en un contexto muy sugerente para cualquier amante del western, la introducción en EEUU en la década de 1880 de las vacas de la raza inglesa Hereford (las marrones con cara blanca) que producían mejor carne que el ganado texano de la raza Longhorn. Los rancheros americanos se mostraron en un principio escépticos ante esa nueva raza de vaca que ni siquiera tenía cuernos y que no creían que pudiera sobrevivir a los largos y duros inviernos del continente americano, pero terminaría generalizándose el cruce de razas entre las Hereford y las vacas autóctonas. En ese entorno la peli desarrolla la historia semejante de la presencia de una mujer inglesa en el Oeste americano.
Andrew McLaglen, discípulo de John Ford, fue un director prolífico en películas del Oeste. Justo el año anterior había dirigido, también para la Universal, uno de los más interesantes westerns de la década de los 60: 'El valle de la violencia' (1965). A diferencia de otros especialistas en el género, a McLaglen no se le puede atribuir un estilo visual propio, pero sí un notable saber hacer a la hora de construir poderosas escenas de acción y de rescatar y explotar la imagen icónica de los héroes veteranos del western (Stewart, Wayne, Holden, Mitchum, Widmark, etc.) que cuando trabajaron para él ya estaban en un punto decadente de sus carreras.
Esta noche, a la 1 de la madrugada, por TVE-2: 'La pradera sin ley' (1955) de King Vidor. Obra mayor del maestro Vidor. La secuencia del saloon, la paliza, la estampida, son puro Vidor. Rodada con algunos ángulos de cámara imposibles, es uno de los mejores ejemplos de la ilimitada libertad de acción que ofrece a un cineasta este género incomparable que es el western.
Aaron Rosenberg, productor habitual de los westerns de la Universal, contrató a King Vidor con el encargo de que dirigiera un pequeño western que debía ser rodado en sólo cuatro semanas porque era el único momento en que Kirk Douglas estaba disponible entre película y película. Vidor no se salió del plan de trabajo y completó el rodaje en sólo 22 días, en ranchos y valles de Thousand Oaks, en el condado de Ventura, al sur de California, y el resultado no fue una peli de puro trámite, como pudiera pensarse con esos antecedentes. La primera secuencia ya tiene calidad, a Vidor le bastan tres simples planos (el tren, el hombre echado en el vagón, y el plano en picado que muestra al tren en mitad del espacio) para proponernos la noción del espacio y el tiempo en el que se desarrollará la historia.
La película trata el tema de los conflictos derivados de la pérdida de los grandes espacios libres con la llegada de las alambradas de espino que supondrían un cambio en los valores socio-económicos del Oeste. Mientras los grandes rancheros contrataban a pistoleros para expoliar de sus pastos a los pequeños rancheros, estos respondían vallando sus campos con alambre de espino para que sus pequeños terrenos no fuesen ocupados por el ganado de los más poderosos.
En ese contexto Vidor establece la contradicción entre la tierra como herencia que merece ser conservada y la tierra como idea de libertad, un bien cuyos dos aspectos interactuan como podrían hacerlo la religión y el sexo. El protagonista se ve en conflicto entre sus ansias de libertad, que le llevan a rechazar las alambradas, y su sentido de la justicia que le acercará al bando de los pequeños rancheros. Vidor también muestra reverencia al sentido de la propiedad y de la ecología, anticipando las preocupaciones conservacionistas de futuras generaciones.
Kirk Douglas está sobresaliente en la piel de un personaje con pasado, con una gruñida sonrisa, movimientos rápidos, impetuosidad física y agudeza emocional.
Esta noche-madrugada (a partir de la 1:30) TVE-2 emite otro western de la Universal: 'Ataque al carro blindado' (1967) de Burt Kennedy. Adoro esta película y la recomiendo vivamente. Es un western de estilo ligero muy disfrutable que combina las escenas de acción con un buen humor y que transmite alegría de vivir en cada fotograma. Burt Kennedy, que en los años 50 había destacado como guionista de los westerns de Budd Boetticher, se pasó esta vez a la dirección para realizar un claro homenaje al universo del Oeste de John Ford y Howard Hawks.
La historia trata de un hombre que tras pasar varios años en prisión por la traición de un antiguo socio, se tiene que enfrentar con el pistolero que aquel ha contratado para asesinarle. Pero se hará amigo del pistolero y juntos decidirán asaltar el oro que posee el socio. La rivalidad entre unos maduros John Wayne y Kirk Douglas es lo que hace que la peli funcione tan bien. A pesar de sus estilos antagónicos, y de que ninguno estaba técnicamente dotado para la comedia, se compenetran a la perfección en divertidas secuencias como cuando disparan a la vez a dos pistoleros y uno dice que el suyo cayó antes y el otro que el suyo era más alto.
Está rodada íntegramente en los estados de Durango y Zacatecas, en el corazón de México. Y en el reparto está también Emilio "el indio" Fernández, director y actor legendario de la edad de oro del cine mexicano.
Cómo no. Una de las producciones de los hermanos Balcazar después de la nueva ley de cine promovida por el franquismo a principios de los años 60 que empezó a supeditar las subvenciones públicas al impacto comercial de las pelis, y a primar a las co-producciones con otros países que tuvieran una perspectiva más comercial. Ahí empezaron los estudios españoles de la época a participar con los estudios italianos en la co-producción de pelícuals de género (sobre todo westerns, espionaje, ciencia ficción...). 'Una pistola para Ringo' se filmó en el mítico Esplugas City, en Barcelona, y en Almería.
A mí también me encanta el western. Durante años he visto y re-visto un montón de westerns de todas als clases en ETB, y tengo muchísimos grabados en cintas de vhs. Es el único género que ofrece la posibilidad de tratar todos los aspectos tratables en cine. En un western puedes situar cualquier historia, personaje o conflicto contemporáneo y exponerlo con una libertad que ningún otro género te lo ofrece.
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