Adenocarcinoma ductal de páncreas. Es la peor enfermedad no transmisible del mundo desarrollado. Es el tumor más agresivo del tracto digestivo. Un asesino silencioso que no provoca síntomas iniciales; su evolución es fulminante y no manifiesta síntomas hasta que está cursando su etapa terminal, e incluso en ese momento los síntomas pueden ser vagos. Cuando se diagnostica un gran número de vasos sanguíneos e hígado se encuentran invadidos (te quedan 3 meses de vida a partir de la invasión del hígado por un adenocarcinoma, y hasta el último de esos 3 meses puedes no experimentar absolutamente nada de consideración). Lo que más sorprende es la ausencia de síntomas propiamente digestivos (cólicos, diarreas, estreñimiento, oscurecimiento de las heces, nauseas...) que sí se dan en otros cánceres digestivos. Por ello cuando algunos pacientes ingresan por primera vez no pasan de las dos semanas o los 20 días, sufriendo únicamente un decaimiento general y cansancio que termina en coma irreversible. Otros síntomas como la pérdida de peso, el aumento del diámetro abdominal, o las molestias de espalda o abdomen sólo se manifiestan en la fase IV, la etapa final del proceso. El 85% de los pacientes que sufren molestias, tiene ya metástasis en el momento del diagnóstico. Y la supervivencia más allá de cinco años es de sólo un 4%.
Si bien no es tan común como otros cánceres con más "marketing" como el de mama, es uno de los que
mayor crecimiento ha experimentado en los últimos años en las sociedades del primer mundo, especialmente en personas en su quinta o sexta década de vida (50-70 años). El problema es que no existe ningún método de detección masiva como los que existen para otros tipos de cancer (mamografías, colonoscopia, etc.), no existen medios para detectar precozmente este tipo de tumor en pacientes que todavía no presentan síntomas. Las tomografías o pancreatografías endoscópicas son técnicas demasiado invasivas y no pueden recomendarse como chequeo rutinario. La ecografía abdominal no es invasiba pero no suele ser eficaz por la localización del páncreas (se encuentra oculto detrás del estómago y frente a la columna vertebral), y sólo ve tumores de gran tamaño en la boca del páncreas.
Tenía conocida la mala fama de este cáncer pero nunca temí que pudiera aparecer en mi familia hasta que apareció. Creía que estoe ra cosa de diabéticos, alcohólicos obesos o fumadores. Nunca tuvimos casos de tumores digestivos. Mi madre tampoco cumplía otras condiciones que pudieran predisponerla a padecer esta enfermedad porque no fumaba (dicen que el tabaco es uno de los factores de riesgo), apenas bebía alcohol, no abusaba de grasas saturadas ni azúcares (otro de los factores de riesgo), estaba en plena forma y no había sido ingresada nunca en su vida por ninguna clase de enfermedad. Ella temía al cáncer de mama porque mi abuela (su madre) murió de eso, y seguía sin falta los consejos para hacerse mamografías cada año (las últimas se las hizo hacia junio de este mismo año).
Mi madre pasó un estupendo verano, no adelgazo un sólo kilo, ni se le quito el apetito, ni se sintió cansada, ni nada, y la primera semana de septiembre tenía pensado irse de vacaciones a Andalucía. El único síntoma que experimentó a partir de finales de julio fue una ligera molestia de espalda, en la zona de la paletilla, nada que se saliese de la normalidad en una persona de cincuentaytantos años, nada más. La última semana de agosto estaba estupendamente, con el único síntoma de esa molestia de espalda que no difería de un dolor muscular o una contractura. Hasta que una tarde-noche sintió fiebre (décimas), y al día siguiente otra vez, y al siguiente, fiebre baja sin demasiada importancia (de 38 como máxima).
Yo que soy muy hipocondríaco reconocido y ya empecé a relacionar la fiebre con el dolor de espalda le dije que fuese a urgencias y me hizo caso. Allí le hicieron una analítica completa de sangre, y todo lo tenía perfecto, como una persona sana. Sólo para asegurarse, y a base de insistirles, para descartar una infección de vesícula (porque yo leí en internet que molestias en la espalda y fiebre podían ser piedras en la vesícula), le hicieron una ecografía abdominal. Y para sorpresa de los propios médicos la ecografía mostró un quiste de 10 centímetros, gordo como una manzana, en la boca del páncreas. La ingresaron, y le hicieorn un TAC y una resonancia, y ahí nos dijeron que además del quiste se veían unos puntos o lesiones hipervasculares (que implican a diferentes vasos sanguíneos) en el hígado. Ahí, y a falta de la biopsia, ya nos dijeron que si era cáncer no había ya nada que hacer.
El resultado de la biopsia (dos semanas después) confirmó adenocarcinoma, y mi madre vivió 3 semanas a partir de la confirmación. No se puso amarilla, ni le dolió nada, no se quejó de ningún dolor, no hubo que darle morfina, no sentía absolutamente nada, ni tuvo una sóla diarrea, cagó estupendamente hasta el último día, ni vomitó nada de lo que comío, nada. El único síntoma molesto fue la fiebre que le detuvieorn mediante corticoides. Lo único que experimentó en el último mes fue un aumento de la barriga (el hígado se fue hinchando), y un progresivo decaimiento general, como adormilamiento, una desconexión de la realidad.
Unos seis días antes de su muerte pareció tener una mejoría, la veía más fuerte, tuvo un par de días que comía más a gusto, se duchaba ella sóla, etc. Pero esa situación sólo duró un par de días. Al tercer día ya la vi sorprendentemente baja, empezó a perder los níveles de consciencia, yo empecé a notar que mientras hablaba no terminaba las frases o no vocalizaba bien, o se me dormía mientras comía. A partir de ese momento la evolución a peor fue muy rápida; en sólo un día ya a duras penas le entendía lo que decía, ni abría los ojos para hablar, agitaba los brazos como si quisiera levantarse de la cama pero ya no podía ni girarse sobre sí misma, ni incorporarse para comer o para ir al baño... y ya sólo duró tres días. El último día entró en una especie de coma (cuando el hígado deja de funcionar se entra en coma). Y las últimas horas fueron horribles, le sobrevino una respiración muy pesada y ruidosa, tenía los ojos semi-abiertos pero no respondía a ningún estímulo. Fue algo muy duro ver en esas condiciones a una persona joven y sana que nunca antes había estado ingresada, y que sólo un mes antes hacía una vida activa y normal, que un mes antes había ingresado por su propio pie, con su peso normal, con un aspecto estupendo y bronceado, y conduciendo su propio coche....
Nos dijeron que aunque el diagnóstico se hubiera producido en el momento de la primera molestia de espalda, no hubiera habido nada que hacer (como mucho ralentizar el proceso unos meses) porque el que empezó a manifestar esas molestias fue el hígado, el tumor del páncreas no manifestó ningún síntoma.
Una putada que le puede ocurrir a cualquiera. No discrimina a nadie.